Quién está detrás de la barra?

Cuando salimos de copas, muchas veces llagamos a un lugar por casualidad, por recomendación o por cercanía. Entramos reticentes y observadores de las reglas de la casa. Por lo general, o pedimos una mesa o nos acercamos a la barra. Miramos la carta de variadas propuestas y nos tiramos a la pileta sin saber que sorpresa en nuestro paladar nos deparará el destino.

No somos conscientes que de aquella primera impresión dependerán una serie de decisiones a lo largo de nuestra vida.

Para tanto? Si, PARA TANTO.

A partir de ahí puede suceder que nada del otro mundo pase y solo sea una visita más a un lugar igual que cualquiera. Sin embargo, si en ese momento donde tu mirada se posa en un cóctel estéticamente atrayente y su aroma te genera sensaciones en tu boca y en tu piel,  yo diría que empezamos con el pie derecho.

Levantas la vista y te encontrás con la sonrisa de tu cantinero satisfecho por la obra realizada. Envalentonado por el orgullo ajeno, respirás y das el primer sorbo. Una mezcla de emociones se apodera de tus sentidos (porque a la hora del buen beber todos los sentidos necesitan estar implicados) y ahí inconscientemente se toma la decisión de volver.

Muchos caminos, opciones y alternativas se presentan después de ese primer trago.

Sabiendo eso, no hay barra en Buenos Aires que quiera evitar el desafío de que te mojes los labios.

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