TIKI, un concepto, un estilo en la cocteleria.

Pensar en coctelería tiki suele ir asociado a exóticos bares-restaurantes temáticos, con mucho cartón piedra, tazas espantosas humeantes, collares hawaianos, sombrillitas, bambú, máscaras, lámparas de lava, antorchas, motivos de palmeras… vamos, un batiburrillo que, siendo benévolos, podríamos definir como kitsch. Pero hace mucho, mucho tiempo, cuando Ernest Raymond Beaumont Gantt aterrizó en Estados Unidos y abrió el Don the Beachcomber’s, también abrió una puerta a muchísimos logros de los que hoy disfrutamos: la popularización del ron en coctelería y el uso de los diferentes rones según los ingredientes, la invención de más de 70 cócteles originales, el permanente idilio entre Hollywood y la mixología, la invención del Zombie (el cóctel que hizo que beber cócteles tropicales fuera cosa de hombres)

Pupus

¿Quién fue este hombre? Ernest Raymond Beaumont Gantt, más conocido como Don the Beachcomber, Don Beach-Comber, Don Beachcomber o Don Beach, ––true story––, nació en Texas en 1907 y tenía un padre rico gracias al petróleo. Eso lo permitió dar la vuelta al mundo dos veces y conocer culturas tropicales, mucho más relajadas y amigas del ron. Cuando volvió a Estados Unidos abrió en Hollywood el Don’s Beachcomber Café en el año 1933. Y consiguió algo impensable: que la gente empezara a tomar ron. En los años treinta, el ron era para borrachos, marineros y pobres. Durante la prohibición se expandió su consumo, pero Don hizo lo impensable: lo convirtió en un ingrediente exótico gracias a sus mezclas inspiradas en el Caribe y que combinaban sour, dulce, fuerte y frutas cítricas. Su conocimiento del ron le llevó a encontrar la mejor fórmula, según qué tipo de ron usaba. Y el éxito fue arrollador: su local se convirtió en el lugar más chic de Hollywood: servía cócteles diferentes y nuevos y exótica comida cantonesa, y permitía a los asistentes evadirse y sentirse parte de mundos mucho más fantásticos en épocas difíciles.

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Don, sin embargo, tenía un problema: era tacaño. Muchos de sus bartenders, cansados de cobrar poco, se iban a la competencia (como los locales de Victor J. Bergeron, creador de Trader Vic, del que ya hablaremos otro día, y que fue su archienemigo competidor), y con ellos, se llevaron sus recetas. Las mantenían en secreto para poder servirlas en el local que mejor les pagara y así fueron extendiéndose por Estados Unidos.

Llegó la segunda guerra mundial y Gannt se alistó para servir a su país. Mientras, su mujer (a lo largo de esta serie de personajes históricos veréis que casi siempre hay una detrás), los restaurantes Don The Beachcomber fueron creciendo hasta convertirse en una cadena con 16 establecimientos.

La tendencia tiki se convirtió en Estados Unidos en una parte de la cultura pop. Después de la segunda guerra mundial, los veteranos de guerra pasaban por Hawái antes de volver a casa, y al llegar, querían seguir disfrutando de la parte buena del Pacífico Sur y el Caribe.

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Además, el auge económico tras la guerra democratizó el ocio, y la gente podía viajar a Hawái con un Boeing 707 y, al volver, seguir viviendo la ilusión de las vacaciones. La guerra de Vietnam acabó con todo esto, como tantas otras cosas: el sur del Pacífico pasó de ser un lugar idílico a una pesadilla y la cultura tiki sobrevivió sólo en forma de lugares baratos y de bebidas de sombrillita, ya que los grandes establecimientos tuvieron que cerrar.

Para aquel entonces, Don the Beachcomber hacía tiempo que vivía retirado en Mo’orea, una isla de la Polinesia Francesa, donde veía pasar los días en una casa-barco. Finalmente murió en Honolulu en 1989.

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Hoy en día, no obstante, la coctelería tiki está resurgiendo, y también una nueva escuela tiki en el mundo. Personajes muy próximos como Miguel Pérez son grandes defensores de ella, como pudimos comprobaren este artículo, en el que considera que hay que recuperar su esencia más pura, la mística asociada a sus orígenes. Acólitos como Jeff “Beachbum” Berry, nombrado por la revista Esquire como “uno de los instigadores de la revolución coctelera”, han vuelto a poner la coctelería tiki en el lugar que Don supo darle en los años treinta: el lugar de la sofisticación y el ensoñamiento. El lugar que, en definitiva, la devuelven su merecido lugar en la historia del cóctel del siglo XX.